Jean-Philippe Kindler
A la mierda la autoestima, dame lucha de clases
Bauplan

Páginas: 112
Formato:
Peso: 0.118 kgs.
ISBN: 9788412943139

Cuando todo el mundo piensa únicamente en sí mismo, no piensa en nadie. Una vez más, debemos situar el bienestar individual en relación al bienestar general y declarar que la pobreza, la felicidad, la crisis climática y la democracia son, más que nunca, zonas de batalla política por una buena vida para todos. Jean-Philippe Kindler busca nuevos conceptos sociales. Se juzga a sí mismo, a su generación y a la izquierda, con la misma dureza con la que juzga a los conservadores y al capitalismo: por eso este es un libro furioso e inspirador. El pudor de la izquierda respecto a lo utópico -y a qué significa una buena vida para todos- le pone muy fácil a conservadores y neoliberales devaluar retóricamente toda aspiración a maximizar el bien común, relegándola al reino de los fantasmas ideológicos, de lo infantil o hasta de lo estúpido. Ha llegado el momento de identificar los valores innegociables y defenderlos. Hagamos que ocurra.

A la mierda la autoestima, dame lucha de clases

$24.900,00
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Cuando todo el mundo piensa únicamente en sí mismo, no piensa en nadie. Una vez más, debemos situar el bienestar individual en relación al bienestar general y declarar que la pobreza, la felicidad, la crisis climática y la democracia son, más que nunca, zonas de batalla política por una buena vida para todos. Jean-Philippe Kindler busca nuevos conceptos sociales. Se juzga a sí mismo, a su generación y a la izquierda, con la misma dureza con la que juzga a los conservadores y al capitalismo: por eso este es un libro furioso e inspirador. El pudor de la izquierda respecto a lo utópico -y a qué significa una buena vida para todos- le pone muy fácil a conservadores y neoliberales devaluar retóricamente toda aspiración a maximizar el bien común, relegándola al reino de los fantasmas ideológicos, de lo infantil o hasta de lo estúpido. Ha llegado el momento de identificar los valores innegociables y defenderlos. Hagamos que ocurra.