César Aira
Alejandra Pizarnik. Un retrato
Seré breve ediciones

Páginas: 62
Formato:
Peso: 0.092 kgs.
ISBN: 9786319090239

Una perfecta coherencia con su personaje exigiría la soledad, o al menos alguna clase de aislamiento; en todo caso, se podría decir, y seguramente se ha dicho, que a pesar de su intensa vida social preservaba un ámbito secreto, inviolable, etc. (Tratándose de ella, los estereotipos brotan naturalmente de la pluma de sus exégetas.) Pero lo cierto es que no hubo nadie menos solitario; su círculo cotidiano, de día y de noche, era el plenum literario de Buenos Aires, en una totalidad, sin excepciones. La socialización fue exhaustiva. Aun los que no figuran en las biografías o testimonios, estaban en su listín. El movimiento actuó en dos direcciones: primero fue la recién llegada tratando de entrar al círculo de la realidad donde estaban los autores de los libros que leía; después, eran ellos, vueltos reales, los que se encaminaban rumbo al circulo donde estaba la recién llegada, a medias real enmascarada en su personaje casi demasiado puntual para ser cierto. Como casi todos los escri-tores realmente buenos, fue siempre un centro, alrededor del cual se organizaba el resto. En el personaje con el que se identificó operaba una dialéctica intrigante: estaba construido por rasgos secretos y que valían por el secreto, pero el personaje, por ser un personaje, estaba hecho para los demás, era público por esencia. El precipitado de esta contradicción fue el confesiona-lismo de su poesía, que administrado con suprema habilidad

Alejandra Pizarnik. Un retrato

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Una perfecta coherencia con su personaje exigiría la soledad, o al menos alguna clase de aislamiento; en todo caso, se podría decir, y seguramente se ha dicho, que a pesar de su intensa vida social preservaba un ámbito secreto, inviolable, etc. (Tratándose de ella, los estereotipos brotan naturalmente de la pluma de sus exégetas.) Pero lo cierto es que no hubo nadie menos solitario; su círculo cotidiano, de día y de noche, era el plenum literario de Buenos Aires, en una totalidad, sin excepciones. La socialización fue exhaustiva. Aun los que no figuran en las biografías o testimonios, estaban en su listín. El movimiento actuó en dos direcciones: primero fue la recién llegada tratando de entrar al círculo de la realidad donde estaban los autores de los libros que leía; después, eran ellos, vueltos reales, los que se encaminaban rumbo al circulo donde estaba la recién llegada, a medias real enmascarada en su personaje casi demasiado puntual para ser cierto. Como casi todos los escri-tores realmente buenos, fue siempre un centro, alrededor del cual se organizaba el resto. En el personaje con el que se identificó operaba una dialéctica intrigante: estaba construido por rasgos secretos y que valían por el secreto, pero el personaje, por ser un personaje, estaba hecho para los demás, era público por esencia. El precipitado de esta contradicción fue el confesiona-lismo de su poesía, que administrado con suprema habilidad