Raquel García Rojas, Joseph Kesselring
Arsénico por compasión
Hoja de Lata

Páginas:
Formato:
Peso: 0.3 kgs.
ISBN: 9791387554033

El clásico teatral que inspiró la famosa película de Frank Capra. Una comedia negra negrísima, tierna, absurda, hogareña y absolutamente deliciosa. Las hermanas Martha y Abby Brewster son dos adorables ancianas que viven en un viejo caserón victoriano con vistas al cementerio en Brooklyn. Con ellas vive también su sobrino Teddy, un lunático cuarentón que cree ser el presidente Roosevelt. Felices y resueltas, las Brewster se toman muy en serio su vocación de servicio a la comunidad: lo mismo le preparan una copiosa merienda a su vecino, el reverendo Harper, que recogen juguetes para que los agentes del barrio los repartan en Navidad. Lo mismo le llevan consomé a cualquier enfermo del vecindario que envenenan «por compasión» a todas las almas tristes y solitarias que se acercan a su casa en busca de hospitalidad. ¿El modus operandi? Una copita de vino casero de saúco mezclado con arsénico, estricnina y una pizca de cianuro. Once muertos llevan ya, según Martha (doce según Abby), enterrados en el sótano, cuando su otro sobrino Mortimer, crítico teatral recién prometido con Elaine, la hija del reverendo, descubre aterrorizado esa «pequeña rareza» de sus tías. Un gusto por la muerte y un amor por las autopsias que se remonta al primer antepasado Brewster, colono del Mayflower «Nada nos había preparado para el humor y la ingenuidad de esta comedia asesina. Sus líneas son brillantes; la trama es una locura y rebosa frescura.» Brooks Atkinson, The New York Times

Arsénico por compasión

$47.900,00
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Arsénico por compasión
Hoja de Lata

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El clásico teatral que inspiró la famosa película de Frank Capra. Una comedia negra negrísima, tierna, absurda, hogareña y absolutamente deliciosa. Las hermanas Martha y Abby Brewster son dos adorables ancianas que viven en un viejo caserón victoriano con vistas al cementerio en Brooklyn. Con ellas vive también su sobrino Teddy, un lunático cuarentón que cree ser el presidente Roosevelt. Felices y resueltas, las Brewster se toman muy en serio su vocación de servicio a la comunidad: lo mismo le preparan una copiosa merienda a su vecino, el reverendo Harper, que recogen juguetes para que los agentes del barrio los repartan en Navidad. Lo mismo le llevan consomé a cualquier enfermo del vecindario que envenenan «por compasión» a todas las almas tristes y solitarias que se acercan a su casa en busca de hospitalidad. ¿El modus operandi? Una copita de vino casero de saúco mezclado con arsénico, estricnina y una pizca de cianuro. Once muertos llevan ya, según Martha (doce según Abby), enterrados en el sótano, cuando su otro sobrino Mortimer, crítico teatral recién prometido con Elaine, la hija del reverendo, descubre aterrorizado esa «pequeña rareza» de sus tías. Un gusto por la muerte y un amor por las autopsias que se remonta al primer antepasado Brewster, colono del Mayflower «Nada nos había preparado para el humor y la ingenuidad de esta comedia asesina. Sus líneas son brillantes; la trama es una locura y rebosa frescura.» Brooks Atkinson, The New York Times