b'David Le Breton '
b'Conductas de riesgo'
b'Top\xeda Editorial'

Páginas:
Formato: b''
Peso: 0.3 kgs.
ISBN: b'9789874025685'

b'Introducci\xf3n:\n\nHacia una antropolog\xeda de los l\xedmites\n\n\xa0\n\n\xab Es el estado de transgresi\xf3n que\ngobierna al deseo, la exigencia de un\nmundo m\xe1s profundo, m\xe1s rico y\nprodigioso, en una palabra, la exigencia\ne un mundo sagrado. \xbb\nGeorges Bataille, Lascaux\no el nacimiento del arte.\n\xa0\n\nLas significaciones del riesgo abundan. La sociolog\xeda y la antropolog\xeda interesadas por las mismas, conocen diferentes modulaciones: el estudio de los peligros encubiertos por las tecnolog\xedas modernas, su concentraci\xf3n en algunos lugares; el reconocimiento de las consecuencias de sus actividades sobre el medio ambiente y sobre el ser humano (contaminaci\xf3n, salud, estr\xe9s, etc.); un inventario de las posibles rupturas del ecosistema amenazando zonas pobladas (inundaciones, avalanchas, terremotos, etc.); las repercusiones clim\xe1ticas inducidas por las contaminaciones; estudios de los riesgos ligados al uso de una industria peligrosa en potencia (OGM[1], Nuclear, etc.); la comparaci\xf3n de los problemas de salud p\xfablica a la que se exponen las poblaciones por su modo de vida, de sus costumbres alimenticias, sexuales, etc., o las consecuencias inesperadas de la productividad industrial (vaca loca, etc.). Estos enfoques se juntan con la identificaci\xf3n de signos de vulnerabilidad tecnol\xf3gica y social, y se emplean para analizar los comportamientos, elaborar sistemas de prevenci\xf3n, informaci\xf3n, etc. El estudio de la manera en que las poblaciones implicadas se sienten o no en peligro, su propia percepci\xf3n del riesgo, es un campo privilegiado del abordaje de las ciencias sociales (Lupton, 1999; Beck, 2001, 1999; Peretti-Watel, 2000, 2001).\n\n Otra sociolog\xeda del riesgo, la que aqu\xed nos importa, m\xe1s bien se preocupa por la significaci\xf3n de las actividades emprendidas por los individuos en su vida personal o profesional, en sus entretenimientos, para salir al encuentro del riesgo o resguardarse. Desde fines de los a\xf1os 1970, las actividades de riesgo conocen un sorprendente \xe9xito, lo mismo las empresas de los \xabnuevos aventureros\xbb, los deportistas del \xabextremo\xbb. En otro plano, se desarrollan conductas de riesgo en las j\xf3venes generaciones y suscitan inquietud.\n\n En efecto, una aparente contradicci\xf3n opone a una sociedad global preocupada por el acoso del riesgo, los programas de prevenci\xf3n, de toma de responsabilidad, las operaciones de control, las medidas de precauci\xf3n, etc., con las pr\xe1cticas individuales a menudo consagradas a la exposici\xf3n voluntaria de s\xed mismo, bajo variadas formas, en especial las actividades f\xedsicas y deportivas, o las de una cierta indiferencia como en el campo de la educaci\xf3n para la salud, donde las campa\xf1as de informaci\xf3n raras veces alcanzan sus objetivos iniciales. Esta diferencia entre el preocupaci\xf3n pol\xedtica de reducci\xf3n de riesgos de accidentes, de enfermedades, de cat\xe1strofes tecnol\xf3gicas o naturales, de protecci\xf3n \xf3ptima para las poblaciones, y la b\xfasqueda individual de sensaciones fuertes, de estr\xe9s, de ocio que en ninguna medida es descanso, marcan en profundidad la ambivalencia de nuestras sociedades occidentales.\n\n La noci\xf3n de conductas de riesgo es entendida aqu\xed como un juego simb\xf3lico o real con la muerte, un ponerse en juego, no para morir, por el contrario, pero que plantea la posibilidad nada despreciable de perder la vida o de conocer la alteraci\xf3n de las capacidades f\xedsicas o simb\xf3licas del individuo. Las conductas de riesgo manifiestan un enfrentamiento con el mundo en el cual lo que est\xe1 en juego no es morir sino vivir m\xe1s (Le Breton, 1991). Veremos que las modalidades de ingreso en el riesgo difieren seg\xfan las poblaciones implicadas. Para las j\xf3venes generaciones, las conductas de riesgo (toxicoman\xeda, fugas, velocidad en la ruta, etc.), se sostienen en un sufrimiento personal agudo o difuso, son el indicio de una ausencia de integraci\xf3n, de la falta del suficiente gusto por vivir. Son un \xfaltimo sobresalto para entrar al mundo, es parirse a uno mismo en el sufrimiento para acceder por fin a una significaci\xf3n de s\xed que permita retomar las riendas de su vida.\n\n A la inversa, para los deportistas de lo extremo, se trata m\xe1s bien de una b\xfasqueda de intensidad del ser, para encontrar una plenitud de la existencia amenazada por una vida demasiado pautada. El juego simb\xf3lico con la muerte est\xe1 m\xe1s bien motivado por un exceso de integraci\xf3n, es una manera radical de huir de la rutina. Para los deportistas de lo extremo, de hecho es m\xe1s justo hablar de actividades f\xedsicas o deportivas de riesgo que de conductas de riesgo. En ambos casos, se trata de interrogar simb\xf3licamente a la muerte para saber si vale la pena vivir. El enfrentamiento con el mundo tiene como objetivo fabricar sentido para al fin acceder al gusto de vivir o mantenerlo. La prueba personal es un camino alternativo para encontrar el juego de vivir. Desde luego, el juego con la muerte puede parecer lejano, simb\xf3lico, as\xed sean la fuga, los trastornos de la alimentaci\xf3n, la alcoholizaci\xf3n para las conductas de riesgo de las j\xf3venes generaciones; rapel, escalamientospara las actividades f\xedsicas y deportivas de riesgo, pero se trata de arrancarse las marcas habituales y sumergirse, para lo mejor o lo peor, en lo desconocido, que puede revelarse temible.\n\n Esas pasiones modernas del riesgo nacen del desasosiego moral que estremece las sociedades occidentales, de la interferencia del presente frente a un porvenir dif\xedcil de dilucidar. En el enfrentamiento f\xedsico con el mundo, el individuo busca sus marcas, se esfuerza por sostener en sus manos una realidad que se le escapa. Los l\xedmites de la acci\xf3n toman entonces el lugar de los l\xedmites del sentido que ya no logran establecerse. El desaf\xedo que ellos se infligen prueba el valor de su existencia. Parad\xf3jicamente, nuestras sociedades conocen un clima de seguridad raramente alcanzado a lo largo de la historia. Pero cuando hacen falta los faros del sentido, la existencia se establece con dificultad. Antes de vivir, incluso en completo sosiego, se impone la necesidad antropol\xf3gica de comprender por qu\xe9 vivimos, de atribuir un valor a nuestra presencia en el mundo. Lograr la integraci\xf3n social no siempre desemboca en el dulce disfrute de sus privilegios. Insatisfecho, experimentando lo inacabado de su estado, el individuo se orienta hacia gustos de los que no ignora los peligros, y por los que a veces paga con su carne la sobreestimaci\xf3n de sus capacidades para superarlos. El estudio del juego simb\xf3lico con la muerte implica una antropolog\xeda de los l\xedmites, en el mismo plano que aquellos dados por la ley, y en el plano de aquellos dados por lo real, porque la muerte es el \xfaltimo l\xedmite.\n\n Esta obra fue en un inicio, la voluntad por reescribir La sociolog\xeda del riesgo, aparecida en la colecci\xf3n \xabQue sais-je?\xbb en 1995 y hoy agotada. Pero asum\xed el desaf\xedo al punto de reemprender el texto en su totalidad para finalmente escribir un libro completamente diferente. Conductas de riesgo devino as\xed, poco a poco, en un volumen complementario de Pasiones del riesgo, cuya primera edici\xf3n es de 1991. Retomo las mismas hip\xf3tesis alrededor de los ritos ord\xe1licos o los ritos personales de pasaje. Pero me esfuerzo por abordarlos de otra manera, con nuevas referencias, incluso aunque las matrices de an\xe1lisis permanecen. Se trata entonces, seg\xfan mi perspectiva, de un libro totalmente in\xe9dito sobre el tema, de una prolongaci\xf3n que se hace eco de su precedente, siendo desde luego aut\xf3nomo en el plano de la lectura.\n\n Esta antropolog\xeda de las pasiones por el riesgo en el mundo contempor\xe1neo ha estado primero en Pasiones por el riesgo, una aventura personal devenida posible por la inmediata y siempre renovada confianza de Anne Marie M\xe9taili\xe9 y de Pascal Dibie. Sin su apoyo, sin duda jam\xe1s hubiese podido tener tantas posibilidades de reflexionar sobre este tema y profundizarlo. Luego, esta aventura devino colectiva, reuniendo especialmente en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Marc-Bloch a un pu\xf1ado de otros investigadores, bajo la \xe9gida de la complicidad y de la amistad. Con Pascal Hintermeyer, Hakima A\xeft el Cadi, Thierry Goguel d\xb4Allondans (IFCAAD), y al inicio Claudine Sauter (IFCAAD), llevamos a cabo sin descanso desde 1996 una vasta encuesta sobre las conductas de riesgo. As\xed, hemos relevado m\xe1s de seiscientas entrevistas con j\xf3venes de Estrasburgo y de su regi\xf3n, con la ayuda de estudiantes de sociolog\xeda. Les expreso a todos ellos mi gratitud, as\xed como a Denis Jeffrey (Universidad Laval, en Quebec), otro c\xf3mplice de larga data sobre este tema. Agradezco una vez m\xe1s a Thierry Goguel d\xb4Allondans por haber aceptado leer de nuevo la obra y haberme permitido afinarla. Y, como siempre, expresarle mi reconocimiento a Hnina quien ha le\xeddo y rele\xeddo con el mismo inflexible rigor de siempre todos los desarrollos de esta investigaci\xf3n desde su origen.\n'

Conductas de riesgo

$38.900,00
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b'Introducci\xf3n:\n\nHacia una antropolog\xeda de los l\xedmites\n\n\xa0\n\n\xab Es el estado de transgresi\xf3n que\ngobierna al deseo, la exigencia de un\nmundo m\xe1s profundo, m\xe1s rico y\nprodigioso, en una palabra, la exigencia\ne un mundo sagrado. \xbb\nGeorges Bataille, Lascaux\no el nacimiento del arte.\n\xa0\n\nLas significaciones del riesgo abundan. La sociolog\xeda y la antropolog\xeda interesadas por las mismas, conocen diferentes modulaciones: el estudio de los peligros encubiertos por las tecnolog\xedas modernas, su concentraci\xf3n en algunos lugares; el reconocimiento de las consecuencias de sus actividades sobre el medio ambiente y sobre el ser humano (contaminaci\xf3n, salud, estr\xe9s, etc.); un inventario de las posibles rupturas del ecosistema amenazando zonas pobladas (inundaciones, avalanchas, terremotos, etc.); las repercusiones clim\xe1ticas inducidas por las contaminaciones; estudios de los riesgos ligados al uso de una industria peligrosa en potencia (OGM[1], Nuclear, etc.); la comparaci\xf3n de los problemas de salud p\xfablica a la que se exponen las poblaciones por su modo de vida, de sus costumbres alimenticias, sexuales, etc., o las consecuencias inesperadas de la productividad industrial (vaca loca, etc.). Estos enfoques se juntan con la identificaci\xf3n de signos de vulnerabilidad tecnol\xf3gica y social, y se emplean para analizar los comportamientos, elaborar sistemas de prevenci\xf3n, informaci\xf3n, etc. El estudio de la manera en que las poblaciones implicadas se sienten o no en peligro, su propia percepci\xf3n del riesgo, es un campo privilegiado del abordaje de las ciencias sociales (Lupton, 1999; Beck, 2001, 1999; Peretti-Watel, 2000, 2001).\n\n Otra sociolog\xeda del riesgo, la que aqu\xed nos importa, m\xe1s bien se preocupa por la significaci\xf3n de las actividades emprendidas por los individuos en su vida personal o profesional, en sus entretenimientos, para salir al encuentro del riesgo o resguardarse. Desde fines de los a\xf1os 1970, las actividades de riesgo conocen un sorprendente \xe9xito, lo mismo las empresas de los \xabnuevos aventureros\xbb, los deportistas del \xabextremo\xbb. En otro plano, se desarrollan conductas de riesgo en las j\xf3venes generaciones y suscitan inquietud.\n\n En efecto, una aparente contradicci\xf3n opone a una sociedad global preocupada por el acoso del riesgo, los programas de prevenci\xf3n, de toma de responsabilidad, las operaciones de control, las medidas de precauci\xf3n, etc., con las pr\xe1cticas individuales a menudo consagradas a la exposici\xf3n voluntaria de s\xed mismo, bajo variadas formas, en especial las actividades f\xedsicas y deportivas, o las de una cierta indiferencia como en el campo de la educaci\xf3n para la salud, donde las campa\xf1as de informaci\xf3n raras veces alcanzan sus objetivos iniciales. Esta diferencia entre el preocupaci\xf3n pol\xedtica de reducci\xf3n de riesgos de accidentes, de enfermedades, de cat\xe1strofes tecnol\xf3gicas o naturales, de protecci\xf3n \xf3ptima para las poblaciones, y la b\xfasqueda individual de sensaciones fuertes, de estr\xe9s, de ocio que en ninguna medida es descanso, marcan en profundidad la ambivalencia de nuestras sociedades occidentales.\n\n La noci\xf3n de conductas de riesgo es entendida aqu\xed como un juego simb\xf3lico o real con la muerte, un ponerse en juego, no para morir, por el contrario, pero que plantea la posibilidad nada despreciable de perder la vida o de conocer la alteraci\xf3n de las capacidades f\xedsicas o simb\xf3licas del individuo. Las conductas de riesgo manifiestan un enfrentamiento con el mundo en el cual lo que est\xe1 en juego no es morir sino vivir m\xe1s (Le Breton, 1991). Veremos que las modalidades de ingreso en el riesgo difieren seg\xfan las poblaciones implicadas. Para las j\xf3venes generaciones, las conductas de riesgo (toxicoman\xeda, fugas, velocidad en la ruta, etc.), se sostienen en un sufrimiento personal agudo o difuso, son el indicio de una ausencia de integraci\xf3n, de la falta del suficiente gusto por vivir. Son un \xfaltimo sobresalto para entrar al mundo, es parirse a uno mismo en el sufrimiento para acceder por fin a una significaci\xf3n de s\xed que permita retomar las riendas de su vida.\n\n A la inversa, para los deportistas de lo extremo, se trata m\xe1s bien de una b\xfasqueda de intensidad del ser, para encontrar una plenitud de la existencia amenazada por una vida demasiado pautada. El juego simb\xf3lico con la muerte est\xe1 m\xe1s bien motivado por un exceso de integraci\xf3n, es una manera radical de huir de la rutina. Para los deportistas de lo extremo, de hecho es m\xe1s justo hablar de actividades f\xedsicas o deportivas de riesgo que de conductas de riesgo. En ambos casos, se trata de interrogar simb\xf3licamente a la muerte para saber si vale la pena vivir. El enfrentamiento con el mundo tiene como objetivo fabricar sentido para al fin acceder al gusto de vivir o mantenerlo. La prueba personal es un camino alternativo para encontrar el juego de vivir. Desde luego, el juego con la muerte puede parecer lejano, simb\xf3lico, as\xed sean la fuga, los trastornos de la alimentaci\xf3n, la alcoholizaci\xf3n para las conductas de riesgo de las j\xf3venes generaciones; rapel, escalamientospara las actividades f\xedsicas y deportivas de riesgo, pero se trata de arrancarse las marcas habituales y sumergirse, para lo mejor o lo peor, en lo desconocido, que puede revelarse temible.\n\n Esas pasiones modernas del riesgo nacen del desasosiego moral que estremece las sociedades occidentales, de la interferencia del presente frente a un porvenir dif\xedcil de dilucidar. En el enfrentamiento f\xedsico con el mundo, el individuo busca sus marcas, se esfuerza por sostener en sus manos una realidad que se le escapa. Los l\xedmites de la acci\xf3n toman entonces el lugar de los l\xedmites del sentido que ya no logran establecerse. El desaf\xedo que ellos se infligen prueba el valor de su existencia. Parad\xf3jicamente, nuestras sociedades conocen un clima de seguridad raramente alcanzado a lo largo de la historia. Pero cuando hacen falta los faros del sentido, la existencia se establece con dificultad. Antes de vivir, incluso en completo sosiego, se impone la necesidad antropol\xf3gica de comprender por qu\xe9 vivimos, de atribuir un valor a nuestra presencia en el mundo. Lograr la integraci\xf3n social no siempre desemboca en el dulce disfrute de sus privilegios. Insatisfecho, experimentando lo inacabado de su estado, el individuo se orienta hacia gustos de los que no ignora los peligros, y por los que a veces paga con su carne la sobreestimaci\xf3n de sus capacidades para superarlos. El estudio del juego simb\xf3lico con la muerte implica una antropolog\xeda de los l\xedmites, en el mismo plano que aquellos dados por la ley, y en el plano de aquellos dados por lo real, porque la muerte es el \xfaltimo l\xedmite.\n\n Esta obra fue en un inicio, la voluntad por reescribir La sociolog\xeda del riesgo, aparecida en la colecci\xf3n \xabQue sais-je?\xbb en 1995 y hoy agotada. Pero asum\xed el desaf\xedo al punto de reemprender el texto en su totalidad para finalmente escribir un libro completamente diferente. Conductas de riesgo devino as\xed, poco a poco, en un volumen complementario de Pasiones del riesgo, cuya primera edici\xf3n es de 1991. Retomo las mismas hip\xf3tesis alrededor de los ritos ord\xe1licos o los ritos personales de pasaje. Pero me esfuerzo por abordarlos de otra manera, con nuevas referencias, incluso aunque las matrices de an\xe1lisis permanecen. Se trata entonces, seg\xfan mi perspectiva, de un libro totalmente in\xe9dito sobre el tema, de una prolongaci\xf3n que se hace eco de su precedente, siendo desde luego aut\xf3nomo en el plano de la lectura.\n\n Esta antropolog\xeda de las pasiones por el riesgo en el mundo contempor\xe1neo ha estado primero en Pasiones por el riesgo, una aventura personal devenida posible por la inmediata y siempre renovada confianza de Anne Marie M\xe9taili\xe9 y de Pascal Dibie. Sin su apoyo, sin duda jam\xe1s hubiese podido tener tantas posibilidades de reflexionar sobre este tema y profundizarlo. Luego, esta aventura devino colectiva, reuniendo especialmente en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Marc-Bloch a un pu\xf1ado de otros investigadores, bajo la \xe9gida de la complicidad y de la amistad. Con Pascal Hintermeyer, Hakima A\xeft el Cadi, Thierry Goguel d\xb4Allondans (IFCAAD), y al inicio Claudine Sauter (IFCAAD), llevamos a cabo sin descanso desde 1996 una vasta encuesta sobre las conductas de riesgo. As\xed, hemos relevado m\xe1s de seiscientas entrevistas con j\xf3venes de Estrasburgo y de su regi\xf3n, con la ayuda de estudiantes de sociolog\xeda. Les expreso a todos ellos mi gratitud, as\xed como a Denis Jeffrey (Universidad Laval, en Quebec), otro c\xf3mplice de larga data sobre este tema. Agradezco una vez m\xe1s a Thierry Goguel d\xb4Allondans por haber aceptado leer de nuevo la obra y haberme permitido afinarla. Y, como siempre, expresarle mi reconocimiento a Hnina quien ha le\xeddo y rele\xeddo con el mismo inflexible rigor de siempre todos los desarrollos de esta investigaci\xf3n desde su origen.\n'