b'Ver\xf3nica Estay Stange'
b'Desobediencia de vida'
b'Editorial Chirimbote '

Páginas: 112
Formato: b''
Peso: 0.18 kgs.
ISBN: b'9789878432885'

b'Entonces surgi\xf3 una nueva voz. Inesperada. Inc\xf3moda para los propios genocidas, sorpresiva para los sobrevivientes, pero irremplazable y fundamental para la sociedad que hab\xeda sufrido esos cr\xedmenes que al fin empezaban a juzgarse. As\xed como durante la dictadura las Madres y Abuelas de la plaza les preguntaban a los genocidas d\xf3nde estaban sus hijos y sus nietos, tres d\xe9cadas m\xe1s tarde otras mujeres, m\xe1s j\xf3venes pero con la misma determinaci\xf3n que las primeras, tambi\xe9n comenzaron a hacer preguntas: por qu\xe9 te acusan de asesino? por qu\xe9 est\xe1s preso, pap\xe1? (...) Y empezaron a desconfiar. As\xed, poco a poco esas hijas, a las que luego se unieron hijos y hermanos, fueron descubriendo que no hab\xeda habido una guerra ni un mandato patri\xf3tico, y que las acusaciones no eran fruto de gobiernos de izquierda que buscaban venganza. Todo era distinto a lo que les hab\xedan dicho en sus casas. Y algo m\xe1s, tan triste como perturbador: las manos que las hab\xedan acariciado o golpeado durante la infancia no eran las manos de un padre patriota, sino que eran las manos de un padre asesino. Entonces, como la misma Ant\xedgona, esas hijas e hijos se vieron ante el dilema de permanecer en el interior de esa burbuja familiar que las hab\xeda mantenido sumidas en la obediencia y la ingenuidad o romperla en mil pedazos para buscar la verdad, y enfrentar el desaf\xedo de ser ellas mismas. Y desobedecer. \n\nAlejandro Parisi '

Desobediencia de vida

$22.000,00
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b'Ver\xf3nica Estay Stange'
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Páginas: 112
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ISBN: b'9789878432885'

b'Entonces surgi\xf3 una nueva voz. Inesperada. Inc\xf3moda para los propios genocidas, sorpresiva para los sobrevivientes, pero irremplazable y fundamental para la sociedad que hab\xeda sufrido esos cr\xedmenes que al fin empezaban a juzgarse. As\xed como durante la dictadura las Madres y Abuelas de la plaza les preguntaban a los genocidas d\xf3nde estaban sus hijos y sus nietos, tres d\xe9cadas m\xe1s tarde otras mujeres, m\xe1s j\xf3venes pero con la misma determinaci\xf3n que las primeras, tambi\xe9n comenzaron a hacer preguntas: por qu\xe9 te acusan de asesino? por qu\xe9 est\xe1s preso, pap\xe1? (...) Y empezaron a desconfiar. As\xed, poco a poco esas hijas, a las que luego se unieron hijos y hermanos, fueron descubriendo que no hab\xeda habido una guerra ni un mandato patri\xf3tico, y que las acusaciones no eran fruto de gobiernos de izquierda que buscaban venganza. Todo era distinto a lo que les hab\xedan dicho en sus casas. Y algo m\xe1s, tan triste como perturbador: las manos que las hab\xedan acariciado o golpeado durante la infancia no eran las manos de un padre patriota, sino que eran las manos de un padre asesino. Entonces, como la misma Ant\xedgona, esas hijas e hijos se vieron ante el dilema de permanecer en el interior de esa burbuja familiar que las hab\xeda mantenido sumidas en la obediencia y la ingenuidad o romperla en mil pedazos para buscar la verdad, y enfrentar el desaf\xedo de ser ellas mismas. Y desobedecer. \n\nAlejandro Parisi '