b'Maurice Blanchot'
b'EN EL MOMENTO DESEADO'
b'ARENA'

Páginas: 87
Formato: b''
Peso: 0.17 kgs.
ISBN: b'9788495897510'

b'En el momento deseado es el segundo de la serie de cinco relatos escritos por Maurice Blanchot (1907-2002): La sentencia de muerte (1948); En el momento deseado (1951); Quien no me acompa\xf1aba (1953); El \xfaltimo hombre (1957); La espera el olvido (1962). Sin ser relatos de misterio, a todos los embarga el misterio, todos ellos se esfuerzan por contenerlo, por divulgarlo incluso. Sin embargo, como una advertencia lanzada hacia la desenvoltura de una literatura ingenuamente dedicada a contarle la verdad al lector, en tales relatos, ese misterio se da, pero no se entrega. Relatos de misterio, lo propagan, pero sin conceder nunca unas claves que lo desentra\xf1ar\xedan (porque nadie tiene esas claves); escritos en clave de misterio, al escribirse se ponen a su altura, llegan hasta \xe9l, pero, fieles a \xe9l, se proh\xedben disolverlo (porque lo que ellos dicen est\xe1 fuera del poder de decir). Una vez entrado en ellos, pi\xe9rdase toda esperanza...\nNo debe extra\xf1ar por tanto que ante la \xednfima peripecia que se narra en El momento deseado el lector experimente un evidente desconcierto. Hay quien escribe para desconcertar al lector y, si lo hace con arte, conseguir\xe1 su aplauso. Los relatos de Maurice Blanchot traen consigo el desconcierto, pero no esperan algo distinto de \xe9l, no quieren que el desconcierto les lleve a otra cosa. Quieren y esperan ese desconcierto mismo del lector para que ellos puedan haber empezado a traerlo consigo, quedando aqu\xe9l doblemente desconcertado. Entonces, el lector ha de descubrir que nunca se le dio tanto sin propiamente darle nada.\n\xbfQu\xe9 les ha podido suceder a los personajes de En el momento deseado para que el narrador en el momento de escribir acerca de los acontecimientos en los que \xe9l mismo ha intervenido no sea capaz de sujetarlos a una historia en la que hubieran podido avanzar en l\xednea recta hacia su destino previsto de simples im\xe1genes creadas? Ahora bien, llegados a este punto, la pregunta es otra: \xbfPuede nuestra sensatez proponerse pensar la anterioridad de una imagen \x97que, as\xed pensada, ser\xeda originaria\x97 con respecto a aquello que es imaginado? Si el modo de proceder de la literatura abre el espacio para que suceda esta transici\xf3n de lo imaginado a la imagen, permitiendo la elaboraci\xf3n de un relato donde se narre el encuentro \x97que, as\xed pensado, no puede producirse en el interior del relato\x97 con algo infinitamente anterior, con eso que por su naturaleza de imagen originaria ha de desplazarse hasta el infinito por delante de todo, hay que decir que un encuentro de esa naturaleza tendr\xeda sin duda lugar \xaben el momento deseado\xbb.\nEl instante es entonces el centro ausente de este relato donde la progresiva despersonali-zaci\xf3n de sus personajes (un hombre y dos mujeres) los va reduciendo a la transparencia de la luz que los ilumina, a la semejanza consigo mismos que avala su condici\xf3n de im\xe1genes, a la ausencia a trav\xe9s de la cual se escurre una presencia que, no obstante, se resiste a desaparecer. Relato de un instante en busca del instante del relato, un relato que parece discurrir hacia un pasado cada vez m\xe1s antiguo y que bruscamente, a la par de sus \xfaltimas p\xe1ginas, desemboca en el presente, al acecho de la presencia de aquello que eternamente vuelve: el eterno retorno de un instante presente y ausente, el mismo y no el mismo.\n\xbfEs as\xed posible concluir? Parece que falta el tiempo en que sea posible narrar la falta de tiempo, hasta que finalmente la falta de tiempo, ella misma, aparece. \xbfCu\xe1ndo? En un punto ciego que lo sustrae todo a la mirada a la vez que \xe9l mismo se sustrae por completo, en ese instante en que se har\xe1 el \xabahora\xbb, justamente con la \xfaltima palabra con que se cierra el misterio de este relato: \xabahora, el final\xbb.\n \n \nDe este relato, uno solamente desear\xeda decir que lo que cuenta es verdad. Pero \xe9l tambi\xe9n es la cercan\xeda de ese momento en que no hay nada que sea verdadero, de ese punto en que no se revela nada, en que, en el seno del disimulo, hablar no es a\xfan sino la sombra del habla, ese murmullo incesante e interminable al que hay que imponer silencio, si finalmente queremos hacer que sea escuchado.\nMaurice Blanchot'

EN EL MOMENTO DESEADO

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b'Maurice Blanchot'
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Páginas: 87
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Peso: 0.17 kgs.
ISBN: b'9788495897510'

b'En el momento deseado es el segundo de la serie de cinco relatos escritos por Maurice Blanchot (1907-2002): La sentencia de muerte (1948); En el momento deseado (1951); Quien no me acompa\xf1aba (1953); El \xfaltimo hombre (1957); La espera el olvido (1962). Sin ser relatos de misterio, a todos los embarga el misterio, todos ellos se esfuerzan por contenerlo, por divulgarlo incluso. Sin embargo, como una advertencia lanzada hacia la desenvoltura de una literatura ingenuamente dedicada a contarle la verdad al lector, en tales relatos, ese misterio se da, pero no se entrega. Relatos de misterio, lo propagan, pero sin conceder nunca unas claves que lo desentra\xf1ar\xedan (porque nadie tiene esas claves); escritos en clave de misterio, al escribirse se ponen a su altura, llegan hasta \xe9l, pero, fieles a \xe9l, se proh\xedben disolverlo (porque lo que ellos dicen est\xe1 fuera del poder de decir). Una vez entrado en ellos, pi\xe9rdase toda esperanza...\nNo debe extra\xf1ar por tanto que ante la \xednfima peripecia que se narra en El momento deseado el lector experimente un evidente desconcierto. Hay quien escribe para desconcertar al lector y, si lo hace con arte, conseguir\xe1 su aplauso. Los relatos de Maurice Blanchot traen consigo el desconcierto, pero no esperan algo distinto de \xe9l, no quieren que el desconcierto les lleve a otra cosa. Quieren y esperan ese desconcierto mismo del lector para que ellos puedan haber empezado a traerlo consigo, quedando aqu\xe9l doblemente desconcertado. Entonces, el lector ha de descubrir que nunca se le dio tanto sin propiamente darle nada.\n\xbfQu\xe9 les ha podido suceder a los personajes de En el momento deseado para que el narrador en el momento de escribir acerca de los acontecimientos en los que \xe9l mismo ha intervenido no sea capaz de sujetarlos a una historia en la que hubieran podido avanzar en l\xednea recta hacia su destino previsto de simples im\xe1genes creadas? Ahora bien, llegados a este punto, la pregunta es otra: \xbfPuede nuestra sensatez proponerse pensar la anterioridad de una imagen \x97que, as\xed pensada, ser\xeda originaria\x97 con respecto a aquello que es imaginado? Si el modo de proceder de la literatura abre el espacio para que suceda esta transici\xf3n de lo imaginado a la imagen, permitiendo la elaboraci\xf3n de un relato donde se narre el encuentro \x97que, as\xed pensado, no puede producirse en el interior del relato\x97 con algo infinitamente anterior, con eso que por su naturaleza de imagen originaria ha de desplazarse hasta el infinito por delante de todo, hay que decir que un encuentro de esa naturaleza tendr\xeda sin duda lugar \xaben el momento deseado\xbb.\nEl instante es entonces el centro ausente de este relato donde la progresiva despersonali-zaci\xf3n de sus personajes (un hombre y dos mujeres) los va reduciendo a la transparencia de la luz que los ilumina, a la semejanza consigo mismos que avala su condici\xf3n de im\xe1genes, a la ausencia a trav\xe9s de la cual se escurre una presencia que, no obstante, se resiste a desaparecer. Relato de un instante en busca del instante del relato, un relato que parece discurrir hacia un pasado cada vez m\xe1s antiguo y que bruscamente, a la par de sus \xfaltimas p\xe1ginas, desemboca en el presente, al acecho de la presencia de aquello que eternamente vuelve: el eterno retorno de un instante presente y ausente, el mismo y no el mismo.\n\xbfEs as\xed posible concluir? Parece que falta el tiempo en que sea posible narrar la falta de tiempo, hasta que finalmente la falta de tiempo, ella misma, aparece. \xbfCu\xe1ndo? En un punto ciego que lo sustrae todo a la mirada a la vez que \xe9l mismo se sustrae por completo, en ese instante en que se har\xe1 el \xabahora\xbb, justamente con la \xfaltima palabra con que se cierra el misterio de este relato: \xabahora, el final\xbb.\n \n \nDe este relato, uno solamente desear\xeda decir que lo que cuenta es verdad. Pero \xe9l tambi\xe9n es la cercan\xeda de ese momento en que no hay nada que sea verdadero, de ese punto en que no se revela nada, en que, en el seno del disimulo, hablar no es a\xfan sino la sombra del habla, ese murmullo incesante e interminable al que hay que imponer silencio, si finalmente queremos hacer que sea escuchado.\nMaurice Blanchot'