Enrique Decarli
Hogar
Esa luna tiene agua

Páginas:
Formato:
Peso: 0.3 kgs.
ISBN: 9786319148800

Un joven es desalojado de su departamento por falta de pago de alquileres adeudados, intereses, expensas e intereses de las expensas. No sabemos nada de él, ni siquiera su nombre. Pero sí conocemos lo esencial: está solo y no tiene adonde ir. ¿Y adónde ir, entonces, cuando las circunstancias empujan a la marginalidad? Un techo es un techo. Es posible guarecerse afuera, y el techo será cualquier techo abierto y nómade, como el del andén de una estación de trenes. Pero también es posible guarecerse adentro, bajo un techo interior que será tan marginal como el de toda exclusión. Sin que sepa bien por qué, el inquilino planta bandera en un techo que es, para él, piso: el del ascensor del edificio que en otro tiempo habitó como parte de un sistema que ahora lo ha expulsado. Huye hacia adentro del edificio. Se esconde en su columna vertebral. Sube y baja por su arteria aorta. Y al hacerlo, desnuda la vulgaridad feroz de una clase media cruel e individualista. Allí, en las entrañas mismas de lo que llamamos civilización, se despoja, se libera y se encuentra.

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Un joven es desalojado de su departamento por falta de pago de alquileres adeudados, intereses, expensas e intereses de las expensas. No sabemos nada de él, ni siquiera su nombre. Pero sí conocemos lo esencial: está solo y no tiene adonde ir. ¿Y adónde ir, entonces, cuando las circunstancias empujan a la marginalidad? Un techo es un techo. Es posible guarecerse afuera, y el techo será cualquier techo abierto y nómade, como el del andén de una estación de trenes. Pero también es posible guarecerse adentro, bajo un techo interior que será tan marginal como el de toda exclusión. Sin que sepa bien por qué, el inquilino planta bandera en un techo que es, para él, piso: el del ascensor del edificio que en otro tiempo habitó como parte de un sistema que ahora lo ha expulsado. Huye hacia adentro del edificio. Se esconde en su columna vertebral. Sube y baja por su arteria aorta. Y al hacerlo, desnuda la vulgaridad feroz de una clase media cruel e individualista. Allí, en las entrañas mismas de lo que llamamos civilización, se despoja, se libera y se encuentra.