Cristina Sánchez-Andrade
Vida insecta
La Bella Varsovia

Páginas: 72
Formato:
Peso: 0.107 kgs.
ISBN: 9788433949653

Un insectario que funciona como un espejo del alma humana. En Vida insecta, los poemas indagan en una relación que mantenemos con lo diminuto, con aquello que bate y horada el silencio de lo doméstico. Aunque todos parecemos estar a la altura de algo extraordinario que transforme nuestra existencia, lo cierto es que nuestra vida no es tan distinta de la de los insectos. Está hecha de repeticiones, rutinas y aburridas tareas. También de gestos en apariencia insignificantes que, sin embargo, nos sostienen y nos ofrecen una precaria sensación de seguridad. Para explorar esa condición, la autora se vale de un lenguaje capaz de protegernos frente a lo incontrolable y de ayudarnos a habitarlo sin quedarnos sin palabras. El libro se levanta sobre un diálogo de umbrales: por un lado, la invocación de William Blake, que cuestiona la hegemonía de lo humano «¿No soy yo / una mosca como tú?» ; por otro, la advertencia de Alejandra Pizarnik sobre la espera, que siempre lleva implícita una silenciosa transformación interior. A partir de ahí, la poeta despliega una entomología de los afectos en la que el miedo «incuba huevos en el cerebro» y el dolor se posa como «polvo fino de mariposa». Desde la mujer polilla que emerge en busca de sus partes desmembradas hasta la tiranía de la república de las obreras, se revela una naturaleza que nos recuerda que «tocar es siempre ser tocado». Al final, queda el «largo proceso» de descomposición larvada en la raíz, un territorio donde la palabra «la muerte de la mosca» intenta suspender el tiempo antes de que irrumpan «las bestias carniceras de la noche». En este ecosistema que zumba, repta y aletea, Cristina Sánchez-Andrade difumina los límites entre refugio estético e intemperie. Vida insecta no es solo un libro de poemas, es en sí mismo, una metamorfosis. Está hecha de repeticiones, rutinas y aburridas tareas. También de gestos en apariencia insignificantes que, sin embargo, nos sostienen y nos ofrecen una precaria sensación de seguridad. Para explorar esa condición, la autora se vale de un lenguaje capaz de protegernos frente a lo incontrolable y de ayudarnos a habitarlo sin quedarnos sin palabras. El libro se levanta sobre un diálogo de umbrales: por un lado, la invocación de William Blake, que cuestiona la hegemonía de lo humano «¿No soy yo / una mosca como tú?» ; por otro, la advertencia de Alejandra Pizarnik sobre la espera, que siempre lleva implícita una silenciosa transformación interior. A partir de ahí, la poeta despliega una entomología de los afectos en la que el miedo «incuba huevos en el cerebro» y el dolor se posa como «polvo fino de mariposa». Desde la mujer polilla que emerge en busca de sus partes desmembradas hasta la tiranía de la república de las obreras, se revela una naturaleza que nos recuerda que «tocar es siempre ser tocado». Al final, queda el «largo proceso» de descomposición larvada en la raíz, un territorio donde la palabra «la muerte de la mosca» intenta suspender el tiempo antes de que irrumpan «las bestias carniceras de la noche». En este ecosistema que zumba, repta y aletea, Cristina Sánchez-Andrade difumina los límites entre refugio estético e intemperie. Vida insecta no es solo un libro de poemas, es en sí mismo, una metamorfosis.

Vida insecta

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Cristina Sánchez-Andrade
Vida insecta
La Bella Varsovia

Páginas: 72
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Peso: 0.107 kgs.
ISBN: 9788433949653

Un insectario que funciona como un espejo del alma humana. En Vida insecta, los poemas indagan en una relación que mantenemos con lo diminuto, con aquello que bate y horada el silencio de lo doméstico. Aunque todos parecemos estar a la altura de algo extraordinario que transforme nuestra existencia, lo cierto es que nuestra vida no es tan distinta de la de los insectos. Está hecha de repeticiones, rutinas y aburridas tareas. También de gestos en apariencia insignificantes que, sin embargo, nos sostienen y nos ofrecen una precaria sensación de seguridad. Para explorar esa condición, la autora se vale de un lenguaje capaz de protegernos frente a lo incontrolable y de ayudarnos a habitarlo sin quedarnos sin palabras. El libro se levanta sobre un diálogo de umbrales: por un lado, la invocación de William Blake, que cuestiona la hegemonía de lo humano «¿No soy yo / una mosca como tú?» ; por otro, la advertencia de Alejandra Pizarnik sobre la espera, que siempre lleva implícita una silenciosa transformación interior. A partir de ahí, la poeta despliega una entomología de los afectos en la que el miedo «incuba huevos en el cerebro» y el dolor se posa como «polvo fino de mariposa». Desde la mujer polilla que emerge en busca de sus partes desmembradas hasta la tiranía de la república de las obreras, se revela una naturaleza que nos recuerda que «tocar es siempre ser tocado». Al final, queda el «largo proceso» de descomposición larvada en la raíz, un territorio donde la palabra «la muerte de la mosca» intenta suspender el tiempo antes de que irrumpan «las bestias carniceras de la noche». En este ecosistema que zumba, repta y aletea, Cristina Sánchez-Andrade difumina los límites entre refugio estético e intemperie. Vida insecta no es solo un libro de poemas, es en sí mismo, una metamorfosis. Está hecha de repeticiones, rutinas y aburridas tareas. También de gestos en apariencia insignificantes que, sin embargo, nos sostienen y nos ofrecen una precaria sensación de seguridad. Para explorar esa condición, la autora se vale de un lenguaje capaz de protegernos frente a lo incontrolable y de ayudarnos a habitarlo sin quedarnos sin palabras. El libro se levanta sobre un diálogo de umbrales: por un lado, la invocación de William Blake, que cuestiona la hegemonía de lo humano «¿No soy yo / una mosca como tú?» ; por otro, la advertencia de Alejandra Pizarnik sobre la espera, que siempre lleva implícita una silenciosa transformación interior. A partir de ahí, la poeta despliega una entomología de los afectos en la que el miedo «incuba huevos en el cerebro» y el dolor se posa como «polvo fino de mariposa». Desde la mujer polilla que emerge en busca de sus partes desmembradas hasta la tiranía de la república de las obreras, se revela una naturaleza que nos recuerda que «tocar es siempre ser tocado». Al final, queda el «largo proceso» de descomposición larvada en la raíz, un territorio donde la palabra «la muerte de la mosca» intenta suspender el tiempo antes de que irrumpan «las bestias carniceras de la noche». En este ecosistema que zumba, repta y aletea, Cristina Sánchez-Andrade difumina los límites entre refugio estético e intemperie. Vida insecta no es solo un libro de poemas, es en sí mismo, una metamorfosis.